
En 1986 desarrollamos un sistema administrativo contable llamado Brains. Lo particular de aquel producto era que entregábamos las fuentes a los programadores que lo comercializaban. Esos programadores eran en realidad nuestro canal de ventas: vendían Brains a las PYMEs, lo instalaban, lo modificaban, capacitaban a los usuarios y seguían siendo sus proveedores. Las PYMEs eran clientes de ellos, no nuestros.
En esa época, la cultura empresarial era que cada empresa debía tener su propio sistema a medida. Los sistemas “enlatados” existían, pero eran muy crípticos, difíciles de usar y no se adaptaban a las necesidades específicas de cada negocio. Así, Brains se transformó en una plataforma para que jóvenes programadores se convirtieran en emprendedores.
Fue una experiencia pionera: un producto que no solo resolvía problemas administrativos, sino que también abría un camino de independencia profesional. De ese emprendimiento surgieron muchos que hoy son grandes empresarios, entre ellos Gustavo Guaragna, socio de Snoop Consulting; Aldo Kazakevich, socio de BDT Consulting; Ricardo Orlando, emprendiendo actualmente en Ecuador; y varios otros que encontraron en Brains su primer trampolín para crecer.
En total llegamos a tener más de 70 analistas Brains y se vendieron alrededor de 300 licencias. Esa cultura de confiar en las personas, de abrir puertas en lugar de cerrarlas, fue la semilla de lo que después sería Voolkia y de la forma en que trabajamos hasta hoy:
- Apostando al crecimiento del equipo interno
- Construyendo comunidad con los clientes
- Creando oportunidades reales de aprendizaje y desarrollo
Abrir en vez de enlatar fue la diferencia que marcó nuestro camino.
La decisión más difícil
Pero esta historia tiene otra cara: la decisión que marcó el rumbo de la empresa. A fines de los años 80 nos asociamos a la Cámara de Software (CESSI) – somos una de las empresas socias más antiguas de la Cámara – y recuerdo una exposición de un gerente de marketing de IBM. En esa charla nos dijo: “Ustedes, como PyME, no pueden atender al mismo tiempo a PYMEs y a corporaciones. Tienen que decidirse: una u otra.”
En ese momento ya estábamos comenzando a prestar servicios a grandes corporaciones: ESSO, el Bank Boston y también a nuestro cliente de hoy, Banco Galicia. Nos iba muy bien en ese aspecto.
Frente a esa realidad, tomamos una decisión difícil: dejar de lado Brains y concentrarnos en corporaciones, que es lo que hoy define el ADN de Voolkia. Para cerrar ese capítulo, entregamos a los programadores la parte de la fuente que faltaba, de modo que pudieran seguir atendiendo a sus clientes.
Así terminó el proyecto Brains: como un trampolín de talento y como la semilla de un camino que nos llevó a enfocarnos en las grandes corporaciones, donde seguimos creciendo hasta hoy.
A veces, elegir significa dejar ir… pero también es lo que permite crecer