
En 1994, durante la etapa de formación de Brains —nuestro sistema administrativo, contable y financiero— capacitábamos a futuros analistas para implementar la solución en sus clientes. Fue en ese contexto cuando el líder del proyecto me señaló a un alumno que sobresalía por su desempeño técnico y por una particularidad: debido a su baja visión, debía acercarse a pocos centímetros de la pantalla para leerla por completo. Aun así, avanzaba con una soltura que llamaba la atención.
Ante mi duda sobre si podría programar y comprender en profundidad un ERP complejo, la respuesta del líder fue contundente: era uno de los mejores alumnos y ya tenía asignado su primer cliente. Ese alumno era Martín Baldassarre.
Martín realizó su primera instalación de Brains sin inconvenientes. En paralelo, trabajábamos en proyectos a medida para Banco Río. Tiempo después, el banco nos convocó para desarrollar un sistema de préstamos prendarios que requería combinar dos mundos: COBOL batch en el mainframe y Visual Basic en PC. Necesitábamos sumar un programador VB y pensé en Martín, aunque dudé por su problema visual.
Mi socio, Fernando Levi, fue directo: pese a su ceguera, Martín tenía la capacidad necesaria. Y tenía razón. Martín se integró al equipo y su desempeño fue tan sólido que decidió dejar su trabajo en el Tribunal de Faltas para dedicarse por completo a los proyectos de PC con nosotros.
Tras años de excelentes resultados en Banco Río (luego Banco Santander), surgió la oportunidad de que el banco lo incorporara de forma directa. Todos coincidimos en que era el paso lógico para su crecimiento profesional.
Hoy Martín trabaja de manera híbrida en un área que en aquel entonces casi no existía: la accesibilidad digital. Es especialista dentro del equipo de UX y lidera la Comunidad de Práctica de Accesibilidad Digital Argentina (CoPADA), un espacio interdisciplinario con desarrolladores, diseñadores, QA y otros equipos.
Historias como la de Martín dan sentido a lo que construimos. Las empresas evolucionan, los negocios cambian, pero las oportunidades que permiten que una persona crezca y encuentre su lugar dejan una huella que trasciende. Crear una compañía también es crear caminos para que otros puedan desplegar todo su potencial.